
Solsticio de Verano
Jueves 21 junio a las 14:08
Enrico Mariani
Mièrcoles 13 de Junio de 2007
Al igual que el ciclo lunar se desarrolla en cuatro cuartos o fases lunares, el ciclo solar también consta de cuatro períodos solares. De acuerdo con la posición de la tierra con relación al Sol, se manifiestan las cuatro estaciones en nuestro planeta. Sabemos que cada una de las cuatro estaciones tiene una duración de tres meses; los cambios de estaciones se producen debido al movimiento de traslación de la tierra alrededor del Sol. La inclinación del eje terrestre da origen al fenómeno polar, el polo sur queda 6 meses en sonbras mientras que el polo norte recibe los rayos solares durante el mismo periodo, y en los 6 meses restantes se invierte el proceso.
Los dos momentos del año en los que el Sol está más lejos del Ecuador terrestre son identificados como los Solsticios. Los dos momentos en los que el Sol está equidistante, es decir, en equilibrio entre los dos polos, se llaman Equinoccios. Alrededor del 21 de marzo y 23 de septiembre se producen los Equinoccios y cerca del 21 de junio y el 21 de diciembre los Solsticios.
Los habitantes del planeta acostumbraron realizar memorables celebraciones en los días de los Equinoccios y Solsticios; de estas fiestas primitivas nacieron las principales celebraciones de muchas de las religiones que perduran en nuestros días.
El hombre siempre ha participado del ritmo solar, en efecto el ser humano es solar, él necesita brillar, ser centro de atención y siempre está buscando reconocimiento. Las más antiguas culturas adoraban al Sol y las estrellas. Sin lugar a dudas, el hombre es un adorador de la luz solar, que es una de las máximas representaciones de la Divinidad.
Los Solsticios marcan tiempos sagrados, así eran considerados por las antiguas civilizaciones del planeta, ellos tenían ritos especiales para estos momentos, que eran guiados por sacerdotes, maestros o chamanes. Estos sabios reconocían el momento exacto para realizar las ceremonias dedicadas al Sol y así poder realizar pedidos a los dioses y a las fuerzas de la naturaleza. Los primeros agricultores sabían muy bien que sus vidas dependían del ritmo de la naturaleza, ese ritmo que marcaba los equinoccios y solsticios, los tiempos de siembra y cosecha. Es por eso, que en diferentes lugares del planeta podemos encontrar piedras, indicadores astronómicos y monumentos naturales indescifrablemente ubicados, que servían de indicadores para los lugares donde se oficiaban estas ceremonias.
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© C.E.A.V. 24 Enero 2001

La vida de los primeros pobladores giraba en torno al contacto directo con la naturaleza, estas conmemoraciones tenían una intima relación con las tareas agrícolas. La semilla, los vegetales y todo ser vivo era considerados sagrado. El respeto y la veneración por el entorno que los rodeaba era total, se sentían parte de la naturaleza, aprendían de la naturaleza, sabían que dependían de ella.
Tenían conciencia de la existencia de un Ser Superior, un Creador, un Dios, un Todo, una Divinidad creadora de ellos mismos, de donde habían salido y a donde algún día regresarían. Lamentablemente, hoy en día, el hombre piensa que con los avances tecnológicos puede abusar del planeta. Es necesario retomar las enseñanzas de nuestros antepasados y comprender que la conservación de nuestro medio ambiente es vital para el futuro de la humanidad.
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