
Origen de la Navidad
Enrico Mariani
Sábado 1 de Diciembre de 2007
Desde la antigüedad, las primeras civilizaciones celebraban el solsticio de invierno como la noche del nacimiento de la luz. Exactamente cuando inicia el invierno el tiempo diurno comienza a ser mayor que el nocturno. Por esta razón se proclamaba que en esta fecha las tinieblas eran derrotadas por la luz y que vencía sobre ellas. De este modo daban culto, respeto y veneración al Sol.
La Navidad, tal y como la conocemos y la celebramos hoy en día, se basa en la tradición religiosa del nacimiento del Maestro Jesús, los regalos hechos por Santa Claus, Papa Noel o San Nicolás y la visita de los tres reyes magos al niño Jesús.
Sin embargo, las fiestas navideñas sólo se empezaron a celebrar a partir de la Edad Media y fueron los papas de aquella época quienes fijaron la fecha en el 25 de diciembre, precisamente para que los fieles prestasen menos atención a las fiestas paganas del solsticio de invierno y más a las celebraciones religiosas.
Entonces no es un secreto que muchas de las fiestas religiosas tienen un origen que está relacionado directamente con los fenómenos de la naturaleza.
En nuestros días, la celebración religiosa de la navidad y de su simbología, guarda para muchas personas un gran contenido espiritual, aunque muchas veces esto queda muy desvirtuado y adulterado debido a los excesos que se generan por el descomunal consumismo de la sociedad en que vivimos.
La tradición celta
En la cultura celta, la festividad del solsticio de invierno recibía
el nombre de Yule. El Yule designa el momento en que la rueda del año
está en su momento más bajo, preparada para subir de nuevo.
En Escandinavia existía la tradición de celebrar el Yule con bailes y fiestas. También se sacrificaba un cerdo en honor de Frey, dios del amor y la fertilidad, que según la creencia controlaba el tiempo y la lluvia.
Durante la festividad de Yule era tradicional quemar el tronco de Yule, un largo tronco de árbol que iba ardiendo lentamente durante toda la temporada de celebraciones, en honor del nacimiento del nuevo sol. De esa tradición proceden los pasteles en forma de tronco (troncos de chocolate) que hoy en día se comen en Navidades.
El culto a los árboles
Los antiguos celtas creían que el árbol representaba un poder,
y que ese poder protegía y ayudaba al árbol. Los bosques sagrados
servían como templo a los germanos.
Para los galos, la encina era un árbol sagrado sobre el que los druidas, (los sacerdotes celtas guardianes de las tradiciones) recogían el muérdago siguiendo un rito sagrado.
Esta tradición, heredada a través de los siglos, sirvió de inspiración para el actual arbolito de Navidad que colocamos en nuestros hogares todos los años.
La antigua Roma
En la antigua Roma, en diciembre se celebraba la Saturnalia, en honor al reinado
del dios Saturno sobre Roma en la Edad de Oro. En esa edad, la tierra en Roma
producía abundantemente y no había guerras ni discordia.
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Durante la Saturnalia se celebraban fiestas durante una semana entera, con grandes comilonas y abundante bebida. A lo largo de esa semana se invertía el orden social: los amos servían a los esclavos, los esclavos se convertían en amos y desempeñaban altos cargos del estado.
Era tradicional intercambiarse regalos hechos en plata, aunque casi cualquier cosa podía servir de regalo para la ocasión.
La fiesta también era una celebración del fin de las tinieblas y el comienzo de un nuevo año.
La sacerdotisa pronunciaba las siguientes palabras para el rito de la Saturnalia:
"Esta es la noche del solsticio, la noche más larga del año. Ahora las tinieblas triunfan y aún así todavía queda un poco de luz. La respiración de la naturaleza está suspendida, todo espera, todo duerme. El Rey Oscuro vive en cada pequeña luz. Nosotros esperamos al alba cuando la Gran Madre dará nuevamente a luz al sol, con la promesa de una nueva primavera. Así es el movimiento eterno, donde el tiempo nunca se detiene, en un círculo que lo envuelve todo. Giramos la rueda para sujetar la luz. Llamamos al sol del vientre de la noche. Así sea."
Mensaje Navideño
Desde estas líneas envío a todos los lectores mis mejores
deseos para estas fiestas y para el año 2008.
Que la paz, la prosperidad y la luz llene sus corazones.
Fraternalmente
Enrico Mariani
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